LA IDENTIFICACIÓN, UN REQUISITO PREVIO A LA HISTORIA DE SALUD ELECTRÓNICA

19 08 2013

 

La nueva historia clínica

La historia clínica informatizada o electrónica, que supone incorporar las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC) en el núcleo de la actividad sanitaria, tiene como consecuencia que la historia deja de ser un registro de la información generada en la relación entre un paciente y un profesional o un centro sanitario, para formar parte de un sistema integrado de información clínica. La información de salud de un ciudadano debe incluir, al menos, información pro- cedente de los siguientes sistemas:

– Bases de datos de la tarjeta sanitaria.

– Historias clínicas actuales, cualquiera que sea el lugar en que se hayan generado.

– Sistemas clínicos departamentales, como los de los laboratorios y servicios de diagnóstico por imagen.

– Programas de promoción para la salud y de prevención de la enfermedad.

– Centros sanitarios concertados o de otros servicios de salud.

– Contingencias de salud laboral.

– Sistema de receta electrónica.

– Prestaciones sanitarias complementarias.

– Sistemas de ayuda a la toma de decisiones clínicas.

 

La nueva historia clínica incluye toda la información de salud de un ciudadano, con independencia de dónde y cuándo haya sido generada. Además, este sistema clínico debe formar parte del sistema de información del servicio de salud correspondiente, relacionándose con los sistemas de gestión económico financiera, planificación estratégica y control de gestión.

Para que todos estos sistemas se relacionen e intercambien entre sí información referida a las personas, resulta indispensable que esas personas estén identificadas de forma unívoca.

 

  Sistemas de identificación

Algunos de los sistemas de identificación de las personas en nuestro país son el Registro Civil, el Documento Nacional de Identidad, y el Documento de Afiliación a la Seguridad Social. Todos ellos carecen de la precisión que exige el sistema de información clínica, o no identifican a todas las personas susceptibles de ser atendidas en el sistema sanitario. Estas dificultades hicieron que a final del decenio de los años ochenta y comienzos de los años noventa los servicios de salud españoles iniciaran la identificación de sus usuarios y les asignaran una tarjeta sanitaria.

 

La tarjeta sanitaria

El intercambio de información electrónica exige la certeza de la identidad del paciente, del profesional sanitario que produce esa información y del centro sanita- rio donde se lleva a cabo la atención. Se utilizan números de identificación personal que tienen carácter nacional, y para usos administrativos, fiscales y sanitarios en los países escandinavos y Luxemburgo. Se utilizan códigos nacionales o regionales, de utilización restringida para el sector sanitario, en Irlanda, Portugal, Italia, Canadá, Alemania y España. Gran Bretaña tiene un proyecto de identificación con un número del Servicio Nacional de Salud (NHS). Los Países Bajos disponen un número nacional de identidad, pero no sanitario. Bélgica tiene un identificador nacional pero distinto del que se emplea para otros usos. Francia utiliza como identificador en el sector sanitario el número de la seguridad social, al que se le añade una clave de dos dígitos cuya utilización fuera del ámbito de protección social está muy restringida.

 

En nuestro sistema sanitario la asignación de códigos de identificación personal por parte de los servicios de salud comenzó con motivo de la emisión de tarjetas que se hizo siguiendo cuatro objetivos:

– Crear una base de datos que registrara la filiación de todos los ciudadanos con derecho reconocido a asistencia sanitaria pública.

– Identificar unívocamente a los usuarios del sistema sanitario.

– Acreditar de forma personal el derecho a las prestaciones.

– Poner a disposición de los centros sanitarios la base de datos para facilitar la gestión de los mismos.

 

No está estandarizada la información que se estampa en la tarjeta, ni la que contiene la banda magnética, ni la de las diferentes bases de datos de los organismos emisores.

Cuando se inició la emisión de tarjetas sanitarias, se advertía una preocupación mayor por la creación de la base de datos y por la acreditación de las prestaciones, que por los problemas de identificación de las personas. Estas prioridades eran con- secuencia lógica de las necesidades de planificación y gestión que se tenían en ese momento. Hasta entonces los servicios de salud no disponían de información fide- digna del número y características de la población que debían atender. La prioridad en la acreditación de las prestaciones se debía a la voluntad de diferenciarse de la administración de la Seguridad Social, responsable hasta entonces de ese trámite.

La utilidad de la tarjeta sanitaria como un instrumento de identificación de los usuarios se ha puesto en evidencia con el desarrollo de los sistemas de información clínica, sobre todo al relacionar sistemas distintos, como la historia de atención primaria con la de especializada o ambas, con los sistemas departamentales.

El que se considere la tarjeta como un instrumento de acreditación de las prestaciones, hace que en algunos servicios de salud se condicione la función de identificación a la de acreditación, identificando sólo a quienes tienen derecho a las prestaciones del sistema público. Esto hace que algunos colectivos de personas que acceden al sistema sanitario por otras vías, encuentren dificultades para su identificación.

 

Códigos de identificación

El proceso de automatización de cualquier sistema del mundo real supone un ejercicio de abstracción en el que intentamos sintetizar aquellas entidades básicas que, a nuestro entender, participan en el sistema que estamos desarrollando. En un segundo nivel de abstracción, llega el momento de plasmar esas entidades que hemos definido antes en una base de datos. Esas entidades se convierten entonces en tablas, con sus atributos y relaciones entre ellas. Para que este sistema funcione, se exige cumplir ciertas reglas entre las que está el proceso de normalización.

Un aspecto fundamental de la normalización es que precisa claves primarias, que son aquel valor de un atributo que identifica de forma unívoca a cada elemento de la entidad, que en el caso del sistema sanitario es el paciente. Una de las reglas de la normalización es que la clave no puede depender de los valores de los atributos del elemento que identifica. En las primeras tarjetas sanitarias de nuestro sistema sanitario se optó, incumpliendo esta regla, por claves de identificación relacionadas con los apellidos, sexo y fecha de nacimiento de las personas identificadas. Como se pueden producir cambios en alguno de esos atributos, se requiere asignar un nuevo código, con lo que se produce el problema de una persona con más de un código.

Por todo lo anterior se considera que la mejor opción es la generación de números secuenciales.

 

Ámbitos de asignación de identificadores

Debe existir una entidad responsable de asignar los códigos identificadores, que lo haga en un período corto de tiempo y que vele por que no existan personas con más de un identificador. El sistema canadiense prevé la asignación del código identificador por cada provincia o territorio. El NHS inglés prevé un número único. El sistema canadiense y el australiano tienen previsto que el identificador sea de utilización exclusiva por el sistema sanitario.

Parece que lo correcto en el caso de nuestro sistema sanitario sea que cada comunidad autónoma asigne ese número y que sea de utilización exclusiva para el sistema sanitario, sin que pueda ser empleado por otras instancias.

 

El acceso a la información clínica

Para acceder a la información clínica correspondiente a una persona se requiere su identificación unívoca, localizar esa información y cumplir los requisitos de seguridad y confidencialidad, que se tratan en otro apartado. La identificación de la persona y la localización de su información clínica no ofrecen problema cuando está siendo atendida dentro del ámbito en el que se le ha asignado un código de identificación, pero cuando esta circunstancia no se produce, se precisan estándares de intercambio de información y directorios que permitan la localización de la información existente.

 

Nuevas utilidades para la tarjeta sanitaria

Algunas tendencias de utilización de la tarjeta sanitaria son las siguientes:

– Automatización de tareas sin valor añadido.

– Acceso seguro y confidencial a la información clínica en red.

– Almacenamiento de información clínica del titular.

 

Estas nuevas utilidades precisan un nuevo estándar tecnológico, de datos y seguridad:

– Cumplir los procedimientos de seguridad que se indican en el apartado correspondiente.

– Establecer estándares de intercambio de información.

– Tarjetas con chip.

 

Extracto de: De la Historia Clínica a la Historia de Salud Electrónica (Resumen). Javier Carnicero Giménez de Azcarate

 

conganat.org [en línea] Ciudad Real (ESP): conganat.org, 19 de agosto de 2013 [ref. 2003 ] Disponible en Internet: http://www.conganat.org/seis/informes/2003/PDF/capitulo1.pdf


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