Dr Frangi: ¿Mudar de tiranos sin destruir la tiranía?

7 01 2013

Dr. Alejandro Frangi
Director Centro de Investigación en Tecnologías de la Imagen y Simulación Biomédicas (CISTIB)

¡Iniciamos un nuevo año! Es quizás el momento de balances y reflexiones de fondo, de pensamientos que orienten y de den sentido a nuestra actividad… Un investigador es, por sobre todo, un pensador, un buscador del bien, la verdad y la belleza. No puede eludir la pregunta del porqué del afán cotidiano en su investigación y del impacto que ésta tiene en su entorno.

En las últimas semanas me llegó una frase que me hizo pensar. Es de Mariano Moreno, uno de los próceres de la independencia de mi país de origen, Argentina, de aquellos que valorando la herencia recibida de España manifestaron su compromiso por llevarla a su madurez. Hombres con personalidad propia pero abierta a ideas Europeas de la época y sin miedo a aplicarlas a crear un futuro libre para América.

Mariano Moreno (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 23 de septiembre de 1778 – alta mar, 4 de marzo de 1811), según nos dice Wikipedia, fue un abogado, periodista y político de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tuvo una participación importante en los hechos que condujeron a la Revolución de Mayo y una actuación decisiva como secretario de la Primera Junta, resultante de la misma. Moreno fue el ideólogo de esa revolución, abogado defensor de los derechos de los indios. Fue siempre fiel a sus ideales de liberación e ideología roussoniana aprendidos en la universidad más prestigiosa de la región en la época, la Universidad de Chuquisaca. Allí leyó los libros de Montesquieu, Voltaire, Denis Diderot, Jean-Jacques Rousseau y otros pensadores europeos de la época. Asimismo, estudió el idioma inglés y el francés para poder comprender a los autores que escribían en dichas lenguas, por lo que también ofició de traductor. Una de las obras que tradujo fue el libro “El contrato social” de Rousseau. Con sus escritos y exposiciones, Moreno contribuyó al desarrollo del libre comercio en el Río de la Plata. Además, en julio de 1810 la Junta lo designó para que redactara un Plan de Operaciones y el proyecto de estrategia política de la revolución, debido a la gran capacidad que Moreno tenía con la escritura y la oratoria. Murió envenenado en alta mar, de camino a una misión diplomática en Londres.

Más allá de los condicionantes históricos, de las controversias de la conquista y de la posterior independencia de Latinoamérica, hay elementos significativos y quizás recurrentes en la historia de los países que pueden iluminar nuestro momento actual y socio-económico-político en Cataluña; mi tierra por adopción y que ha visto nacer a cuatro de nuestros siete hijos. En todos los momentos de la historia, en todos los lugares de la tierra, el hombre ansía la libertad, la belleza, el bienestar pero estos sólo se consiguen al costo de un esfuerzo personal de conocimiento, superación y renuncia sin las cuales dichas ansias no son más que ilusiones cambiantes.

Mariano Moreno lo expresaba en el prólogo de la traducción del “El contrato Social” de Russeau editado en 1810 en La Gaceta: «Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

Quizás las peores tiranías, en cuanto que por comunes pasan más inadvertidas, son las que se derivan de la falta de educación, del poco o malentendido espíritu crítico, de una limitada aspiración al que limita el bienestar a lo aparente o material. ¿Es relevante hablar de educación en sociedades tan avanzadas y modernas como las europeas? ¡Lamentablemente sí!

Quizás no falte el acceso a la educación elemental o incluso el acceso a la formación universitaria como puede echarse a faltar en otras tierras. Pero la peor ignorancia es la de creer conocer suficientemente sin conocer en profundidad o de forma completa, la de quien niega la existencia de principios universales, la del conocimiento del mundo exterior sin descubrir la interioridad, la de vivir sin tener respuesta a los interrogantes humanos más profundos, la de una vida a la deriva del relativismo o que niega la existencia de toda ley natural. Nuestra época entiende muchas veces por espíritu crítico la crítica a los grandes problemas sociales sin responsabilizarse de poner, por considerarlas intrascendentes, las soluciones que realmente están a nuestro alcance. Confundimos el espíritu crítico con ser criticones y vemos la paja en el vecino ignorando la viga del nuestro. El verdadero espíritu crítico, me parece, es el que empieza por uno mismo y se transmite en cambios humildes pero reales y constantes en el entorno en el que vivimos. Finalmente, la aspiración al bienestar va más allá de lo material. La experiencia humana está llena de experiencias que reconocen la existencia de otros horizontes que los meramente tangibles: la necesidad del cariño y la estima de los demás, la necesidad de contribuir los unos al éxito de los otros, de trabajar y conocer en equipo, de vivir la libertad en armonía con el entorno sin traicionar los principios personales, de ser capaces de enriquecerse mutuamente valorando la diversidad sin demagogia.

En suma, ser investigadores es estar abierto al conocimiento y, en ese sentido, todo hombre tiene algo de vocación investigadora, de esa confianza en la capacidad de aprehender y de no conformarse con el status quo de su comprensión momentánea, de abrirse a nuevos horizontes, de progresar en el desarrollo personal y ponerse al servicio de sus coetáneos. Y esto, he aquí la clave, podemos realizarlo en la medida que tomamos las riendas de nuestra inteligencia y nuestra voluntad. Podemos hacerlo aún en medio de dificultades de todo tipo, en medio de los problemas económicos, en medio de la desorientación socio-política reinante y sus consecuencias.

Viktor Frankl (n. Viena; 26 de marzo de 1905 – m. ibid.; 2 de septiembre de 1997) fue un neurólogo y psiquiatra austríaco, fundador de la logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. Frankl escribió “Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. Su profesión e investigación se alimentaron de su experiencia personal conformando la tercera escuela de psiquiatría vienesa. Nelson Mandela, solía repetir un verso del poema Invictus de W.E. Henley durante los 27 años que duró su encarcelamiento en Robben Island: “No importa cuán estrecho sea el camino, cuán cargada de castigo la sentencia. Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma”.

Finalmente, hay un texto que leí de adolescente y que personalmente me inspira a avanzar en la confianza no sólo en la fe que he recibido de mis padres sino también en las capacidades humanas, herencia que comparto con todo hombre: “Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces estorbado, por los que lo educan y rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más…” (Populorum Progressio, n. 15).

Quizás debamos volver al comienzo de este artículo: 2013, ¡un nuevo año! Una nueva hoja en blanco, una nueva oportunidad para escribir nuestra historia. Al pensar la ilusión con la que cada uno de mis hijos comienza un dibujo cuando les doy una hoja en blanco, pienso en la oportunidad que este nuevo año nos brinda: a los investigadores de profesión, sí, pero también a todo hombre que comparte lo esencial de la investigación que es la búsqueda de lo verdadero, lo bueno y lo bello. Búsqueda que nos permitirá liberarnos profunda y auténticamente de toda tiranía. ¡Los mejores deseos para esta búsqueda que comienza hoy! ¡Feliz Año 2013!