BENEFICIOS DE LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA EN LA SALUD

30 12 2013

Un estudio realizado alrededor de ocho países descubrió que el 70 % de los encuestados se sentirían cómodos utilizando sensores de tocador, sensores en botellas de medicina o monitores de salud tragados para recolectar información personal de salud.

 

La encuesta, llevada a cabo por la agencia de estudios de mercado Penn Schoen Berland y patrocinada por Intel, también demostró que la mayor parte de la gente cree que la innovación tecnológica representa la solución más viable para curar enfermedades fatales, aun más que incrementar el número de doctores o aumentar el presupuesto de investigación.

Asimismo, los encuestados dijeron sentirse cómodos con la idea de formar parte de revisiones remotas a través de teleconferencias. De hecho, el 72 % dijo apoyar la idea de conectarse remotamente con su médico a través de tecnologías de comunicación y la mayoría se sentiría cómoda utilizando tecnología desde casa en su propio organismo en lugar de asistir al médico.

Más de la mitad de los encuestados (57 %) cree que, eventualmente, los hospitales se volverán obsoletos y más del 80 % dijo que compartirían información anónimamente para reducir costos de salud y mejorar servicios y tratamientos.

Intel dice que el estudio revela que la mayor parte de la gente quiere servicios de salud personalizados, basados en sus propia conducta y biología, lo cual brinda la posibilidad de obtener cuidados de la salud en cualquier lugar y momento.

 

 

Cioal.com [en línea] Doral, FL (USA): cioal.com, 30 de diciembre de 2013 [ref. 11 de diciembre de 2013] Disponible en Internet: http://www.cioal.com/2013/12/11/beneficios-de-la-innovacion-tecnologica-en-la-salud/



¿Fin de la clínica?

26 12 2013

Las maravillas de la tecnología médica, la presencia de abogados entre médicos y pacientes con el fin de zanjar disputas, la arrogancia de los seguros médicos, la información, muchas veces desinformación, ofrecida en “Internet médico” y el peso de las compañías farmacéuticas son, hoy en día, factores omnipresentes y omniscientes en la medicina. La suma de esos factores ha degradado la figura del médico, el quehacer íntimo de la medicina -la relación médico paciente- y ha reducido a la clínica a su mínima expresión. El detrimento en el ejercicio clínico proviene de los elementos antes mencionados, y del cada vez más escaso apego e interés por parte de profesores y programas académicos a favor de la clínica.

La tecnología médica es glamourosa y muy redituable desde la perspectiva financiera; los abogados buscan jugosas ganancias económicas para los enfermos; los seguros médicos atan las manos de los doctores, y asfixian y engañan a los enfermos; “internet médico” confunde, atemoriza y siembra desconfianza y las farmacéuticas seducen a algunos médicos, y, debido a que gastan mucho en propaganda encarecen los fármacos, además de ofrecer productos no siempre tan buenos como afirman. Poco puede hacer la clínica frente a ese duro y complejo entramado.

La palabra clínica proviene del griego kline, lecho o cama. Los viejos profesores enseñaban medicina al pie de la cama. Esos maestros repetían hasta el cansancio, “los mejores maestros son los enfermos”. Los enfermos son guías irremplazables. Escucharlos, palparlos y preguntar lo necesario suele ser suficiente para ubicar el diagnóstico. Al lado del enfermo se ejerce la buena medicina; al lado de la cama se conoce lo que le sucede a la persona. La práctica de la clínica, escuchar, tocar, mirar, tiende a desaparecer precisamente porque las prioridades médicas han cambiado. La intromisión de los factores señalados en el primer párrafo ha reemplazado la indispensable relación médico-paciente por los cada vez más indispensables estudios de laboratorio y gabinete, cada vez más deslumbrantes y exactos.

Han pasado treinta o más años desde que Franz Ingelfinger, editor del “New England Journal of Medicine”, una de las más prestigiadas publicaciones médicas, advertía que si los abogados se interponían entre médicos y pacientes, la medicina, y sobre todo la relación entre enfermos y doctores, sufriría graves consecuencias. Poco tiempo después, Thomas Szasz, profesor emérito de la Universidad de Syracuse, y uno de los promotores del término “medicalización de la vida”, criticó la influencia de la medicina moderna en la sociedad. Szasz, iconoclasta admirable, fue contundente; su postura es rotunda: “Teocracia es la regla de Dios, democracia es la regla de las mayorías y farmacracia la regla de doctores y de la medicina”. Tanto Ingelfinger como Szasz dieron en el blanco. La farmacracia, la tecnocracia médica, y la abogacracia -el lenguaje tiene límites-, son factores que atentan contra el ejercicio clínico. El problema es inmenso y es poco probable que esa tendencia se revierta.

Tecnología médica, abogados, “Internet médico”, seguros médicos y compañías farmacéuticas, conforman un frente imposible de vencer. Cada uno de ellos, por separado, es suficiente para horadar la clínica; su suma es mortal. Esas lacras, el vivo desinterés de los programas de enseñanza por la clínica, y el cada vez menor contacto entre médicos jóvenes y enfermos son el acta de defunción de la clínica.

La insatisfacción creciente de los enfermos proviene, sobre todo, por la falta de escucha del médico, es decir, por su enjuto apego por la clínica. Cuando se habla de enfermos y enfermedades, no debería haber muchas diferencias entre las maniobras de los viejos médicos, que pegaban su oreja a las espaldas de los pacientes para auscultarlos y así determinar el origen del mal, con el papel en blanco del clínico contemporáneo, cuya obligación primaria debería ser escuchar la narración que el paciente hará de su mal. Los estetoscopios modernos son mejores que el que intuyó el Teófilo Laennec (1761-1826), quien, antes de inventar el estetoscopio, pegaba su oreja al cuerpo del enfermo.

No hay por qué rendirse ante la embestida que sufre la clínica. Tampoco hay por qué engañarse: así como el tiempo viejo sigue siendo similar al tiempo nuevo, los enfermos de ayer son muy parecidos a los de hoy. Todos desean que se les escuche. Todos piensan y saben que la cura se inicia a través de las palabras, de sus palabras. De las palabras que construyen la literatura de la enfermedad y conforman las simientes de la clínica. Si los médicos no son capaces de reinventar la escucha, y regresar y trabajar al lado de la cama, la clínica, y la relación entre médicos y enfermos, continuarán degradándose.

(Médico)

 

POR: ARNOLDO KRAUS

Elsiglodetorreon.com.mx [en línea] México DF (MEX): elsiglodetorreon.com.mx, 26 de diciembre de 2013 [ref. 15 de diciembre de 2013] Disponible en Internet: http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/943340.fin-de-la-clinica.html