¿Fin de la clínica?

26 12 2013

Las maravillas de la tecnología médica, la presencia de abogados entre médicos y pacientes con el fin de zanjar disputas, la arrogancia de los seguros médicos, la información, muchas veces desinformación, ofrecida en “Internet médico” y el peso de las compañías farmacéuticas son, hoy en día, factores omnipresentes y omniscientes en la medicina. La suma de esos factores ha degradado la figura del médico, el quehacer íntimo de la medicina -la relación médico paciente- y ha reducido a la clínica a su mínima expresión. El detrimento en el ejercicio clínico proviene de los elementos antes mencionados, y del cada vez más escaso apego e interés por parte de profesores y programas académicos a favor de la clínica.

La tecnología médica es glamourosa y muy redituable desde la perspectiva financiera; los abogados buscan jugosas ganancias económicas para los enfermos; los seguros médicos atan las manos de los doctores, y asfixian y engañan a los enfermos; “internet médico” confunde, atemoriza y siembra desconfianza y las farmacéuticas seducen a algunos médicos, y, debido a que gastan mucho en propaganda encarecen los fármacos, además de ofrecer productos no siempre tan buenos como afirman. Poco puede hacer la clínica frente a ese duro y complejo entramado.

La palabra clínica proviene del griego kline, lecho o cama. Los viejos profesores enseñaban medicina al pie de la cama. Esos maestros repetían hasta el cansancio, “los mejores maestros son los enfermos”. Los enfermos son guías irremplazables. Escucharlos, palparlos y preguntar lo necesario suele ser suficiente para ubicar el diagnóstico. Al lado del enfermo se ejerce la buena medicina; al lado de la cama se conoce lo que le sucede a la persona. La práctica de la clínica, escuchar, tocar, mirar, tiende a desaparecer precisamente porque las prioridades médicas han cambiado. La intromisión de los factores señalados en el primer párrafo ha reemplazado la indispensable relación médico-paciente por los cada vez más indispensables estudios de laboratorio y gabinete, cada vez más deslumbrantes y exactos.

Han pasado treinta o más años desde que Franz Ingelfinger, editor del “New England Journal of Medicine”, una de las más prestigiadas publicaciones médicas, advertía que si los abogados se interponían entre médicos y pacientes, la medicina, y sobre todo la relación entre enfermos y doctores, sufriría graves consecuencias. Poco tiempo después, Thomas Szasz, profesor emérito de la Universidad de Syracuse, y uno de los promotores del término “medicalización de la vida”, criticó la influencia de la medicina moderna en la sociedad. Szasz, iconoclasta admirable, fue contundente; su postura es rotunda: “Teocracia es la regla de Dios, democracia es la regla de las mayorías y farmacracia la regla de doctores y de la medicina”. Tanto Ingelfinger como Szasz dieron en el blanco. La farmacracia, la tecnocracia médica, y la abogacracia -el lenguaje tiene límites-, son factores que atentan contra el ejercicio clínico. El problema es inmenso y es poco probable que esa tendencia se revierta.

Tecnología médica, abogados, “Internet médico”, seguros médicos y compañías farmacéuticas, conforman un frente imposible de vencer. Cada uno de ellos, por separado, es suficiente para horadar la clínica; su suma es mortal. Esas lacras, el vivo desinterés de los programas de enseñanza por la clínica, y el cada vez menor contacto entre médicos jóvenes y enfermos son el acta de defunción de la clínica.

La insatisfacción creciente de los enfermos proviene, sobre todo, por la falta de escucha del médico, es decir, por su enjuto apego por la clínica. Cuando se habla de enfermos y enfermedades, no debería haber muchas diferencias entre las maniobras de los viejos médicos, que pegaban su oreja a las espaldas de los pacientes para auscultarlos y así determinar el origen del mal, con el papel en blanco del clínico contemporáneo, cuya obligación primaria debería ser escuchar la narración que el paciente hará de su mal. Los estetoscopios modernos son mejores que el que intuyó el Teófilo Laennec (1761-1826), quien, antes de inventar el estetoscopio, pegaba su oreja al cuerpo del enfermo.

No hay por qué rendirse ante la embestida que sufre la clínica. Tampoco hay por qué engañarse: así como el tiempo viejo sigue siendo similar al tiempo nuevo, los enfermos de ayer son muy parecidos a los de hoy. Todos desean que se les escuche. Todos piensan y saben que la cura se inicia a través de las palabras, de sus palabras. De las palabras que construyen la literatura de la enfermedad y conforman las simientes de la clínica. Si los médicos no son capaces de reinventar la escucha, y regresar y trabajar al lado de la cama, la clínica, y la relación entre médicos y enfermos, continuarán degradándose.

(Médico)

 

POR: ARNOLDO KRAUS

Elsiglodetorreon.com.mx [en línea] México DF (MEX): elsiglodetorreon.com.mx, 26 de diciembre de 2013 [ref. 15 de diciembre de 2013] Disponible en Internet: http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/943340.fin-de-la-clinica.html



El 64 por ciento de la población desconoce la posibilidad de hacer un testamento vital

21 06 2012

El 64 por ciento de la población desconoce la posibilidad de hacer un testamento vital. Y es que, aunque el 84,5 por ciento lo considera útil y a sólo al 10 por ciento le incomoda pensar y hablar de la muerte, solamente un 6 por ciento recibe esta información por parte del personal sanitario, un 22,3 por ciento a través de los medios de comunicación y un 7,5 por ciento por amigos y familiares, según datos de un estudio realizado en Cataluña y presentado en el 32º Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria que se celebra estos días en Bilbao.

El 64 por ciento de la población desconoce la posibilidad de hacer un testamento vital. Y es que, aunque el 84,5 por ciento lo considera útil y a sólo al 10 por ciento le incomoda pensar y hablar de la muerte, solamente un 6 por ciento recibe esta información por parte del personal sanitario, un 22,3 por ciento a través de los medios de comunicación y un 7,5 por ciento por amigos y familiares.

Estos datos corresponden a un estudio realizado en Cataluña, en el que han participado 264 personas con una edad media de 53 años y que han pasado por el centro de salud desde noviembre del 2011 hasta enero del 2012. Además, se han presentado en el 32º Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que se celebra estos días en Bilbao.

Según comentan las autoras de esta experiencia, Irene Alcalá y Olga Bigas, el testamento vital siendo desconocido por la mayoría de la población, a pesar de ser un derecho fundamentado en el principio de autonomía. A su juicio, hay una “falta de información” adecuada dirigida a los ciudadanos.

En este sentido, la presidenta del Comité organizador del Congreso, Susana Martín, recuerda que aunque el gran desarrollo legislativo se produce a partir del año 2000 con la Ley Básica de la Autonomía del Paciente y de los Derechos y Obligaciones en materia de información y documentación clínica, actualmente “son pocos” los estudios sobre los conocimientos y actitudes del personal sanitario acerca de esto.

“En la difusión de esta información los medios de comunicación juegan un papel fundamental, tal y como se ha visto en este trabajo. En general, los médicos tenemos una actitud positiva hacia la utilización y utilidad de este documento y la postura del paciente también es favorable. Sin embargo, este sentimiento positivo contrasta con los datos de que menos de un 25 por ciento de los adultos completan el documento. Podemos decir que sí existe una predisposición a cumplimentar su voluntad anticipada, pero no en un futuro cercano”, recalca Martín.

Asimismo, el estudio refleja que son pocos los profesionales sanitarios que inician las conversaciones con los ciudadanos sobre la planificación anticipada de cuidados al final de la vida. En este sentido, según ha afirmado Martín, los médicos conocen “poco” sobre la normativa, el contenido y el registro de este documento. Por ello, aboga por buscar otras alternativas a las consultas de Atención Primaria para que los pacientes puedan informarse, a través del personal de enfermería, de los trabajadores sociales o auxiliares.

Los expertos son conscientes de que el testamento vital sólo es eficaz cuando existe una relación estrecha entre el médico y el paciente. En este sentido, la presidenta del Comité Organizador reconoce que a la mayor parte de las personas les cuesta hablar de la muerte, especialmente cuando es la suya propia, aunque lamenta que la falta de tiempo que hay en las consultas dificulta además que se plantee el tema porque “existe el miedo de molestar al paciente”.

En este sentido, el estudio refleja que la mayoría de las personas consideraban que deberían recibir esta información después de una entrevista en la que se les explicaba –con la ayuda de un tríptico– los aspectos fundamentales y las herramientas para el acceso del testamento vital.

Además, en la segunda parte del trabajo sobre personal sanitario, destaca que el 34 por ciento ha sido consultado alguna vez sobre este aspecto y que les resulta difícil informar por desconocimiento propio y falta de tiempo. “Nos parece interesante que aunque sólo el 10 por ciento de los pacientes encuestados refiere incomodidad para hablar del tema, el 46 por ciento del personal sanitario cree que para éstos sí lo es. Es decir, el paciente no pregunta por no saber de su existencia, y el personal sanitario no lo ofrece por desconocimiento y falsas creencias respecto a los pacientes”, comentan las autoras.

Lo cierto es que, tal y como se pone de manifiesto en esta experiencia, existe un desconocimiento generalizado sobre este tema ya que un 75,5 por ciento de los pacientes ignora si tiene validez legal; un 70,2 por ciento no sabe algunos de los aspectos que aspectos incluye y más del 80 por ciento desconoce sin son necesarios testigos, representante legal y notario.

Además, un 83.4 por ciento considera que todas las personas deberían recibir información. “Actualmente nos seguimos sintiendo más cómodos comunicando este tipo de decisiones de manera verbal a la familia, en lugar de hacerlo por escrito. Existe todavía una cierta preferencia en dejar las decisiones en manos de familiares y médicos”, argumenta Martín.

Por último, el estudio refleja también que los conocimientos y la predisposición a plantearse la realización del testamento vital o recomendarlo es mayor en personas con estudios secundarios o superiores. “Nuestra opinión respecto a estas diferencias es que podría deberse a que las personas con estudios, en general, tienen más herramientas a la hora de buscar información o de estar al día”, señalan las autoras.

Por últimas, estas investigadores reconocen que les ha sorprendido el hecho de que la edad no influye demasiado al igual que haber sufrido una enfermedad grave o la de un familiar, que podría mostrar una mayor sensibilidad o conocimiento sobre estos temas. No obstante, reconocen que esto último no lo han podido demostrar en el trabajo.

Medicosypacientes.com [en línea] Bilbao (ESP): medicosypacientes.com, 21 de junio de 2012 [ref. 14 de junio de 2012] Disponible en Internet: http://www.medicosypacientes.com/sociedades/2012/06/12_06_14_semfyc



Tecnología médica con toque humano

3 05 2012

Las computadoras, teléfonos inteligentes y tabletas son cada vez más frecuentes entre los médicos estadounidenses. El equilibrio entre mirar la pantalla y al paciente requiere de entrenamiento.

 

Un actor se hace pasar por paciente para los médicos de la Universidad Georgetown

Un actor se hace pasar por paciente para los médicos de la Universidad Georgetown

El estudiante de medicina Gregory Shumer analiza el historial de salud de su paciente en la pantalla de una laptop y la acerca al hombre anciano sentado en la plancha de examinación. “Ahí lo ve”, dijo señalando a la pantalla. El peso, el azúcar en la sangre y el colesterol estaban demasiado elevados.

Aunque el paciente no confesó que estaba demasiado miope para ver las cifras, reconoció que descuidó su salud tras el fallecimiento de su esposa. Shumer apartó la vista de la computadora para tener una conversación amable, exactamente el objetivo del nuevo programa de capacitación de la Universidad Georgetown, de Estados Unidos.

Mientras el país avanza hacia una medicina sin papeles, los médicos están lidiando con un raro desafío: ¿Cómo usar computadoras, teléfonos inteligentes o tabletas en el consultorio sin perder el contacto humano con los pacientes? ¿Son los dispositivos electrónicos una ayuda o una distracción?

“Esa es la tensión que tengo todos los días”, afirma Vincent WinklerPrins, doctor en Georgetown. La facultad de medicina está desarrollando un programas para capacitar a los nuevos médicos en este acto de equilibrio y utiliza a actores como pacientes para señalar los escollos.

Un iPad por médico

En la Universidad Georgetown, los estudiantes de medicina llevarán un iPad repleto de instrucciones: “Mira a los ojos del paciente, excúsate para revisar la pantalla y úsala solo cuando la necesites, señalan las directrices de Stanford. Y, por supuesto, nada de usar internet para cuestiones personales frente a un paciente”.

“El potencial de estos aparatos para mejorar el cuidado clínico es tremendo”, dice el doctor Clarence Braddock, de Stanford. El médico utiliza una aplicación segura en su iPad para obtener las tablas de pacientes en caso de que lo llamen a cualquier hora, sin importar dónde esté.

Braddock ayudó a desarrollar los estándares de Stanford entendiendo que hay diferentes obstáculos. Los médicos de mediana edad tal vez estén menos cómodos con la tecnología y tome más tiempo con ellos. Pero los jóvenes que crecieron mandando mensajes de texto mientras hacían otras tareas, tal vez no se den cuenta de lo intrusivo que los pacientes pueden considerar los aparatos.

Pero no es sólo un tema de modales. Si los médicos pasan demasiado tiempo tecleando o mirando una pantalla, uno se preguntará si habrá un síntoma que pasó por alto.

“Si la pantalla está lejos del paciente, ellos no saben si estás viendo su historial electrónico de salud, jugando solitario o buscando inversiones”, señala el doctor Glen Stream de la Academia Estadounidense de Médicos Familiares. Como viejo usuario de los registros computarizados, se asegura de mostrar a sus pacientes lo que está haciendo, en especial cuando las imágenes en la pantalla pueden ayudarles a entender mejor su estado de salud.

Los historiales electrónicos de salud, o HES, son considerados el futuro en el cuidado de la salud por una buena razón: pueden ayudar a evitar errores médicos. Por ejemplo, los sistemas pueden alertar si los médicos están a punto de recetar un medicamento que interactúe mal con otro que el paciente ya tome.

Y mientras estas tablas computarizadas se vuelven más sofisticadas, también tienen el potencial de alentar un cuidado más eficiente: no será necesario sacarse nuevos rayos equis porque olvidó traer su última resonancia, ya que el médico será capaz de verla digitalmente.

Una tercera parte de los médicos en Estados Unidos utilizan los HES, casi el doble comparado con 2008, según un reporte de este mes del diario Health Affairs.

Actores enfermos

Un grupo de actores se reunió hace poco en Georgetown para desempeñar el papel de un anciano diabético que buscaba atenderse por primera vez tras la muerte de su esposa.

WinklerPrins veía todo desde un monitor externo mientras los estudiantes realizaban una visita médica de 15 minutos. Utilizaron historiales electrónicos mientras daban a cada actor-paciente resultados de exámenes, les dictaban un tratamiento y enviaban una receta electrónica a la farmacia.

Después, los “pacientes” ofrecían valiosa retroalimentación. Una se molestó porque su futuro médico se distrajo haciendo la receta electrónica y siguió haciéndole la misma pregunta en lugar de pedirle un minuto. Los estudiantes reconocen el valor de los historiales electrónicos, pero también lo sencillo que puede ser distraerse con los tecleos y movimientos en pantalla.

“Cuando tengo la máquina, puedo ser menos personal, pero mis notas son más meticulosas”, dijo Shumer a su profesor. “Es más fácil tener una relación cuando la computadora no está”. Por suerte, los sistemas se volverán menos estorbosos, dijo WinklerPrins. “Mientras, no perdamos el enfoque en el paciente”.

Elobservador.com.uy [en línea] Montevideo (UY): elobservador.com.uy, 03 de mayo de 2012 [ref. 28 de abril de 2012] Disponible en Internet: http://www.elobservador.com.uy/noticia/223088/tecnologia-medica-con-toque-humano/



Abraham Verghese: A doctor’s touch

6 10 2011

Modern medicine is in danger of losing a powerful, old-fashioned tool: human touch. Physician and writer Abraham Verghese describes our strange new world where patients are merely data points, and calls for a return to the traditional one-on-one physical exam.

Abraham Verghese: Physician and author

Before he finished medical school, Abraham Verghese spent a year on the other end of the medical pecking order, as a hospital orderly. Moving unseen through the wards, he saw the patients with new eyes, as human beings rather than collections of illnesses. The experience has informed his work as a doctor – and as a writer. “Imagining the Patient’s Experience” was the motto of the Center for Medical Humanities & Ethics, which he founded at the University of Texas San Antonio, where he brought a deep-seated empathy. He’s now a professor for the Theory and Practice of Medicine at Stanford, where his old-fashioned weekly rounds have inspired a new initiative, the Stanford 25, teaching 25 fundamental physical exam skills and their diagnostic benefits to interns.

He’s also a best-selling writer, with two memoirs and a recent novel, Cutting for Stone, a moving story of two Ethiopian brothers bound by medicine and betrayal.

He says: “I still find the best way to understand a hospitalized patient is not by staring at the computer screen but by going to see the patient; it’s only at the bedside that I can figure out what is important.”

[ted id=1231]

Ted.com [en línea] Nueva York (USA): ted.com, 6 de octubre de 2011, [ref. septiembre de 2011] Disponible en Internet:

http://www.ted.com/talks/abraham_verghese_a_doctor_s_touch.html



David deBronkart: Conoce e-paciente Dave

30 06 2011

Dave deBronkart: e-Paciente

A David deBronkart, más conocido como “e-paciente Dave,” se le diagnosticó un cáncer de riñón en fase muy avanzada en enero de 2007. Las probabilidades estaban en su contra, con tumores en ambos pulmones, varios huesos y tejido muscular. Recibió buen trato, y fue capaz de luchar para ganar la batalla e imponerse a su cáncer. Su último tratamiento fue en julio del 2007, y en septiembre estaba claro que había vencido la enfermedad.

Cuando Dave deBronkart se enteró de que tenía un cáncer poco común y terminal, se dirigió a un grupo de otros pacientes online y encontró un tratamiento médico que hasta sus propios médicos desconocían. Esto le salvó la vida. Ahora hace un llamamiento a todos los pacientes a hablar entre ellos y conocer sus datos de salud para, así, mejorar la atención sanitaria.

deBronkart está participando activamente en la apertura de la información médica a los pacientes, y lo hace a un nivel sin precedentes. Apuesta por crear una nueva dinámica en la entrega de la información a los pacientes, así como en el acceso y el uso de la misma.

Ted.com [en línea] Nueva York (USA): ted.com, 30 de junio de 2011, [ref. junio de 2011] Disponible en Internet:

http://www.ted.com/talks/dave_debronkart_meet_e_patient_dave.html



Dr MONTEAGUDO: eSalud y potenciación de los pacientes

6 06 2011

José Luis Monteagudo Peña

Jefe de la Unidad de Investigación en telemedicina y e-Salud

Instituto de Salud Carlos III

Históricamente los desarrollos tecnológicos en el sector sanitario han servido para facilitar las labores diagnósticas y terapéuticas de los profesionales médicos. Más recientemente, el desarrollo de la informática, ha permitido desarrollar info-estructuras para la gestión y la práctica sanitaria. En los últimos años se ha producido un cambio importante con la capacidad de Internet y otras tecnologías de la información y las comunicaciones para habilitar la realización práctica del concepto de “potenciación del paciente” (patient empowerment). La idea de la potenciación, se refiere a la capacidad de los individuos para comprender e influenciar activamente sobre su salud, lo que se traduce en un papel más activo y de mayor responsabilidad en los procesos asistenciales, incluyendo su relación con los profesionales y las instituciones sanitarias.

La introducción y desarrollo de esta filosofía de dar más poder al paciente se ha producido en el contexto de movimientos sociales como de defensa de los derechos del consumidor y de activismo de los pacientes, pero también desde la perspectiva de utilizarla como palanca de transformación del sistema sanitario. De hecho todas las autoridades sanitarias de los países avanzados y las organizaciones supranacionales como la UE la incluyen en sus líneas estratégicas para la mejora de los sistemas sanitarios la potenciación de los pacientes. En línea con estas tendencias la OMS la ha descrito como un “pre-requisito para la salud” así como ”una asociación proactiva con el paciente y una estrategia de auto-cuidado para mejorar los resultados de salud y la calidad de vida entre los enfermos crónicos”.

Las iniciativas gubernamentales para aumentar el poder de los pacientes se han dirigido fundamentalmente a tres aspectos: 1) promoción de las conductas saludables; 2) procesos de gestión de la enfermedad y 3) relaciones con los proveedores de cuidados sanitarios.

De acuerdo con Health Consumer Powerhouse, en su informe del estado de situación en Europa (“The empowerment of the European Patient 2009”), los indicadores de potenciación de los pacientes comprenden los derechos a elegir entre proveedores, el acceso directo al especialista, la participación en la toma de decisiones, el derecho a la segunda opinión, el acceso a la Historia Clínica Electrónica propia, los catálogos de ranking de proveedores y la disponibilidad de medios de comunicación para acceder a información sanitaria.

Internet se ha consolidado hace ya tiempo como una herramienta poderosa para facilitar el acceso a la información de Salud por los ciudadanos, pero también para la educación sanitaria, el cambio de conducta, la teleconsulta y la segunda opinión. Hoy día se dispone de una nueva ola de herramientas de e-Salud y de iniciativas emergentes con un alto potencial de potenciación del paciente. Entre ellas se encuentran los medios de computación social (Web 2.0); los sistemas de comunicaciones interactivas multicanal; salud móvil (mHealth); de Historias Clínicas Personales (PHRs); servicios AAL (Ambient Assisted Living) para la vida independiente en casa; salud personal; salud personalizada y plataformas abiertas e interoperables de servicios Web con aplicaciones para la (auto) gestión de los pacientes crónicos y los cuidados de larga duración.

En la transición a los posibles escenarios de futuro para la sanidad será interesante observar la forma en que se van a desarrollar las capacidades tecnológicas de potenciación de los ciudadanos en el cuidado de su salud, cómo se van a adoptar por la población, cómo van a convivir con los procesos de atención formal y cómo los profesionales sanitarios van a adaptarse a una nueva situación de relación con los pacientes mucho mas rica en posibilidades que en el pasado.



La web 2.0 acerca a médicos y pacientes

30 05 2011

Pasar consulta y atender a los pacientes es, sin duda, una profesión vocacional. Pero, a medida que avanza la ciencia y se multiplica la burocracia, comunicarse con la gente de a pie es cada vez más complicado para los galenos. Algo tan simple como retrasar la hora de la consulta, o tan delicado como evitar el pánico ante una epidemia, representa una complicación administrativa a veces insalvable: los pacientes esperan horas innecesariamente y no saben si lo de la gripe va en serio o no.

Aunque parezca paradójico, las nuevas tecnologías de la llamada web 2.0, tales como blogs o redes sociales, podrían ayudar a acercar de nuevo a pacientes y médicos. Algunos, a título personal, ya usan algunos de estos medios para informar a sus pacientes de la marcha de la consulta o recomendarles hábitos saludables. Por el momento, la mayoría de la población no está preparada para recibir estas comunicaciones. Pero, para los más jóvenes, es tan natural como hablar por teléfono, y mucho más que el papel impreso.

También es más cómodo para el médico: sólo con teclear “hoy voy con una hora de retraso” podría informar a las 20 o 30 personas que tiene citadas para que se reorganicen la mañana o, simplemente, dominen su imapaciencia. Por supuesto, todavía no es posible, porque no todo el mundo tiene acceso a redes sociales en el móvil (en realidad, muchos sí, pero no las usan). Pero ya hay experiencias de este tipo, y su avance es inevitable.

Retraso en España

“Esto va a ir progresando, queramos o no; debemos planificar y tener una idea de hacia dónde vamos”, argumenta el doctor ‘Julio Mayol’ , cirujano muy activo en la Red. “Los profesionales [médicos] no podemos esperar a que otros lo hagan y luego decir que está mal hecho”. Todos los expertos coinciden, en cualquier caso, en que España va con retraso en la implantación médica de estas tecnologías.

Una excepción es Fernando Casado , médico de familia que ha en ‘twitter’ una extensión de su consulta. “Es una consulta normal y corriente”, aclara, “sólo que uso una cuenta para comunicarme con los 1.700 pacientes de mi cupo”. Allí indica cuáles son los mejores o peores días para pedir cita, cuándo se va de vacaciones o recomienda blogs o páginas web de confianza. También, por qué no, comenta sus opiniones sobre la industria farmacéutica, como esta: “Hay que estar a la última y recetar lo penúltimo”.

El doctor Casado tiene la dirección de su cuenta en la puerta de la consulta. La mayoría pasa por delante sin saber qué es. “Pero el segmento al que puedo llegar, gente de mediana edad o joven y con formación, sí que me dice que les viene bien”, comenta el médico. “Me permite mantener contacto con los pacientes fuera de los límites de la consulta, pero no se trata en ningún caso de una vía para solucionar casos concretos”, añade.

Sin embargo, y ahí puede estar la clave para que estas tecnologías se implanten a nivel oficial en un futuro, sí evitan muchas consultas innecesarias, que no se deben a problemas de salud sino a trámites puramente burocráticos. Mucha gente pide cita, aguarda la cola y pierde la mañana sólo para constatar, por ejemplo, que el médico de familia no puede vacunarle contra la malaria, ni expenderle un certificado para poder usar armas.

Filtrar consultas

El ahorro de tiempo, como el propio contacto con el paciente, puede ser un arma de doble filo. Ahora un médico ve a decenas de pacientes al día, pero no todos son graves; hay casos, como los arriba citados, que se resuelven rápidamente o se derivan a otro lugar. ¿Qué pasaría si la web hace de filtro y todos los que llegan son graves, quizás 30 en una mañana? “Esto es algo que habrá que tener en cuenta, para que los médicos no rechacen las nuevas tecnologías”, argumenta el doctor Rafael Bravo , médico de atención primaria que ya usa habitualmente la web 2.0 para comunicarse con sus pacientes.

Cuando comparte consulta con un colega, por ejemplo, este médico usa Google Calendars para señalar qué días le toca a cada uno, y así los pacientes pueden pedir cita para el suyo. Parece simple. De hecho, lo es. Pero “trasladar eso a la administración era problemático”, apunta.

Una de las ventajas de las herramientas web 2.0 es precisamente esa: no se necesita el apoyo administrativo. Son gratuitas y libres. Como los blogs. Bravo, de hecho, mantiene uno de los más populares, ‘Primun non nocere’. “No estoy usando ninguna herramienta de la institución, no nos pueden censurar”, comenta. ¿Cuál es, entonces, el papel de las instituciones en la implantación de estas herramientas? El doctor Mayol sostiene que “la administración debe facilitar la relación, pero no puede ser el líder de ese movimiento”.

Una de las funciones de los poderes públicos sería “garantizar la seguridad y los derechos”, según Mayol, que apunta a un riesgo: “Hay que tener cuidad porque podemos crear castas [de pacientes]. Los que tienen más acceso a los médicos son los mismos que tienen más acceso a la tecnología”. En cualquier caso, parece que el debate público aún tardará en alcanzarnos: “La administración no se enteró de la web punto uno y ahora no se está enterando de la web 2.0″, remacha Bravo.

elMundo.es [en línea] Madrid (España): elMundo.es, 30 de mayo de 2011, [ref. 27 septiembre de 2010] Disponible en Internet:

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/09/27/tecnologiamedica/1285569223.html



La comunicación médico-paciente, clave para una mejor recuperación

7 10 2010

Casi el 30% de los españoles echa en falta una buena comunicación con su médico, factor esencial para un tratamiento eficaz del paciente. Internet y las nuevas tecnologías pueden servir de mucha ayuda.

Comunicarnos bien con los profesionales de la salud no siempre es fácil. Y no sólo depende de ellos. A veces es por pudor por nuestra parte, por la carga emocional que nos genera estar enfermos, porque se nos olvida comentar o preguntar algo durante la consulta…

Sin embargo, existen evidencias científicas que demuestran que la complicidad entre paciente y médico mejora los resultados de los tratamientos, refuerza la salud emocional, reduce los síntomas y ayuda a controlar mejor el dolor. Desde la OCU, piensan que la buena comunicación es un factor esencial y que hay que hacer todo lo posible por mejorarla. Y, sobre todo en nuestros días, en los que tan extendidas están muchas enfermedades crónicas que requieren largo seguimiento y un estrecho trato personal, como la obesidad, la diabetes o los problemas cardiovasculares. Los resultados de una encuesta realizada por la OCU muestran algunos puntos débiles que deberían llevar a reflexionar, tanto a los profesionales sanitarios como a los pacientes.

La comunicación, para muchos, positiva
A los encuestados les hemos preguntado por el profesional sanitario con el que más han tratado en los dos últimos años. En el 59% de los casos se trataba del médico de familia.  Los resultados nos muestran que casi hay un 70% de españoles que se comunica bien con el profesional sanitario al que han acudido con más asiduidad.

Otro dato interesante: que el paciente y el profesional tengan el mismo género mejora la calidad de la comunicación. En general, las mujeres del sector sanitario obtienen mejores puntuaciones que sus colegas varones en este apartado. Existen también diferencias en la opinión respecto a los distintos tipos de profesionales. Los médicos propiamente dichos, tanto los de la familia como los de otras especialidades, salen peor parados que otros profesionales de la salud, como enfermedades, dentistas, psicólogos o fisioterapeutas.

Los datos también demuestran que los encuestados se sienten más satisfechos con la comunicación con su médico cuando las consultas están en centros privados que cuando están en los públicos.

Mejor cuando el médico no es autoritario
Queda comprobado que el estilo de los profesionales sanitarios influye mucho en cómo los perciben los pacientes y en cómo se comunican con ellos. Así, cuando el profesional valora y promueve la autonomía del paciente, otorgándole un papel más activo en la toma de decisiones sobre su propia salud, la comunicación mejora. De esta manera se refuerza, además la llamada alianza terapéutica, que es la relación de colaboración que se establece entre el médico y el paciente para lograr los objetivos terapéuticos.

Por el contrario, un estilo autoritario o controlador, en el que el paciente es el sujeto pasivo de las decisiones del médico, empeora la comunicación y, al final, la satisfacción.

Pues bien, un tercio de los españoles señala que su médico encaja con un perfil controlador o autoritario. Los profesionales de la sanidad privada en comparación con los de la sanidad pública suelen promover más la autonomía del paciente y son menos autoritarios.

La adherencia al tratamiento no es alta
Por las respuestas obtenidas en nuestro estudio, más de la mitad de los españoles están insatisfechos con la medicación que les han recomendado tomar. Esto puede explicar por qué únicamente el 52% tiene una “adherencia” al tratamiento en general. Los dos factores que más influyen en la mejora de esa adherencia son que el paciente perciba que la medicación es efectiva y que no le produzca efectos adversos.

¿Qué más promueve la adherencia? El estilo del profesional, la calidad de la comunicación, los precios de los medicamentos. La comunicación a su vez mejora la percepción de una mayor efectividad de los medicamentos. En cuanto a los precios, casi el 40% de los encuestados se declara muy insatisfecho con el precio de los medicamentos.

La salud y actitud del paciente son claves
La comunicación es cosa de dos. Por eso las características del paciente influyen de manera determinante en su comunicación con el médico. La encuesta de la OCU revela que más del 20% de los encuestados tiene una actitud negativa hacia los médicos en general. Este grupo tiende a estar menos satisfecho con el profesional sanitario al que más consulta, percibe que la comunicación que mantiene con él es de peor calidad y no muestra una buena adherencia.

Uno de cada cinco españoles considera que su estado de salud es de regular a malo. Precisamente estas personas que tienen una percepción más negativa de su salud se comunican peor con el profesional de la salud. Lo mismo les sucede a los que han declarado que tienen algún problema de salud crónico.

Las nuevas tecnologías gustan
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (Internet, correo electrónico, SMS, tarjeta sanitaria electrónica…) tienen una importancia decisiva en el ámbito de la sanidad. Una de sus posibilidades más interesantes es la de abrir nuevos cauces, más rápidos y cómodos, para el acceso del ciudadano a los profesionales de la salud. Y la mayoría ve más ventajas que inconvenientes en aplicar estas nuevas tecnologías.

Otra cosa es el uso real que se hace de ellas. En los últimos 12 meses, más de la mitad de los encuestados recurrió a Internet para obtener por su cuenta información sobre salud. Sin embargo, son bastantes menos los que se valen de la Red para hacer otras gestiones. Por ejemplo, en muchas comunidades autónomas es posible pedir cita a través de Internet.

Despiertan temores
En la encuesta se ve que hay temores respecto a las nuevas tecnologías y la confidencialidad de los datos personales. En el caso concreto de Internet, un 15% opina que su uso va a ir acompañado de un incremento en el número de errores o accidentes médicos. Además, casi el 20% cree que podría incluso perjudicar la calidad de la relación entre el profesional sanitario y el paciente.

En cualquier caso, merece la pena impulsar las nuevas tecnologías porque abren nuevas posibilidades de mejora de la calidad de los servicios sanitarios.

 

Hola.com [en línea] Madrid (España): hola.com, 1 de octubre de 2010 [ref. de 7 de octubre de 2010] Disponible en Internet:

http://www.hola.com/actualidad/2010100145759/OCU/comunicacion/medico/1/



Sra ESCALA: Médico busca socio 2.0 en el sistema sanitario

4 10 2010

Elena Escala Sáenz

Redactora Jefe de Diariomedico.com

Aunque surgió en la década de los 70, hemos tenido que esperar hasta el siglo XXI para que el concepto de empowerment o empoderamiento se popularice.

En el terreno sanitario se habla principalmente del paciente empoderado; es decir, del paciente con capacidad y recursos para gestionar adecuadamente su salud, tomar decisiones y participar en las instituciones sanitarias. Pero, ¿existe el médico empoderado?

Tradicionalmente la responsabilidad sobre asuntos de salud ha recaído en el profesional sanitario y en las instituciones. Se asumía que el ciudadano no tenía interés o no estaba capacitado para el manejo de los asuntos de salud. Simplemente recibía un diagnóstico y un tratamiento sin replicar, y en ningún momento se planteaba la posibilidad de que pudiera opinar, criticar o participar en la toma de decisiones.

Ya queda poco de este modelo paternalista, pues el proceso de empoderamiento del paciente nos está llevando a un nuevo modelo consultivo y participativo en el que el ciudadano tiene más acceso a la información médica, más autonomía y, sobre todo, mayor preparación para interpretar la información médica.

El paciente empoderado se está dotando de las herramientas necesarias para la gestión de su salud apoyándose, principalmente, en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en las redes sociales. Miles de personas organizadas en internet intercambian experiencias personales y terapéuticas, y buscan en el profesional sanitario un aliado para validar los conocimientos adquiridos y gestionar mejor su salud.

Algunas instituciones han entendido bien este proceso y, aunque no del todo convencidas, en un ejercicio de tolerancia han puesto al servicio del paciente herramientas de participación, valoración y de gestión que dan más transparencia al proceso de salud, convirtiendo al paciente en un partner del sistema sanitario.

Sin embargo, al médico español le está costando mucho más trabajo empoderarse y convertirse en un partner del sistema sanitario. Mientras el paciente gana autonomía, el médico se siente cada vez más limitado en su capacidad para elegir profesión o especialidad, en su acceso a la tecnología, a la hora de prescribir y de decidir o controlar el tiempo dedicado a sus pacientes.

El empoderamiento de la profesión médica dentro del sistema sanitario parece mucho más compleja, costosa y, según algunos, peligrosa, por lo que las iniciativas que dotan de poder y autonomía al médico escasean.

Las bajas expectativas de encontrar un partner en el sistema sanitario ha obligado a muchos médicos a innovar con iniciativas individuales y privadas para mejorar su práctica profesional e incluso para aliviar la carga asistencia en su consulta.

El médico está buscando fórmulas que le den más control en la organización y en la ejecución de su trabajo; está estableciendo un diálogo personal con el paciente mediante la prescripción de links y el seguimientos por correo electrónico, Twitter o Facebook; está enseñando y divulgando a través de blogs e incluso une su voz a la de otros colegas en proyectos innovadores.

Los médicos, al igual que los pacientes, se están organizando en torno a las TIC para influir en las políticas de salud pública, para mejorar su práctica clínica, la organización y la gestión de las institutciones en las que trabajan, creando así una nueva forma de trabajo.

Y todo esto resulta del esfuerzo personal.

La Sanidad española no parece preparada para acoger a este nuevo profesional, apenas le dota de herramientas de gestión y lo que para algunos son iniciativas innovadoras, para otros no son más que ‘salidas de tono’ en un sistema extremadamente jerarquizado y burocratizado.

Pero soplan nuevos vientos y todos, incluso las instituciones sanitarias, estamos llamados a innovar en salud. ¿Conseguirá encontrar el profesional español un partner 2.0 en el sistema sanitario?